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viernes, diciembre 08, 2006

Video kills the Documentary Star I

En estas semanas no he podido escribir nada sobre la "guerra de los vídeos" entre el PSOE y el PP. Más vale tarde que nuca, y quizá la distancia en el tiempo me ayude a realizar un análisis objetivo.
Empecemos por la difusión. El vídeo que inició la polémica fue el producido por el Partido Popular para su Convención sobre Seguridad. El público objetivo, en principio, era el de los asistentes al acto aunque, para darle una mayor difusión, se colgó en la web. Fueron precisamente las quejas del Partido Socialista sobre la manipulación de algunas imágenes del vídeo las que ayudaron a su difusión masiva, posible por la facilidad para visionarlo a través de youtube y de las páginas propias del PP. Una vez más, se cumplió la regla de oro de la videopolítica: vídeo+web+polémica en medios off line=visionado masivo.
El segundo vídeo, producido por la recién creada TV en internet del PSOE, en cambio, tenía a toda la opinión pública como público objetivo. Para lograr el éxito on y off line, hizo falta que el propio Secretario General del Partido lo presentara a los medios. Gracias a eso, los medios off line lo dieron a conocer y provocaron un primer interés por visionarlo. En este caso, el contenido político del vídeo fue el detonante de la polémica que ayudó a su difusión masiva. Las protestas del PP, por un lado, y del líder batasuno Otegui, por otro, consiguieron que el vídeo marcara la agenda política de esos días. En este caso, a la ecuación se le añadió un nuevo factor que reforzaba el efecto hasta posicionarse de modo protagonista en la agenda: vídeo+web+presentación a medios off line+polémica política=visionado masivo+agenda política
Pasemos a los mensajes. El vídeo del Partido Popular tenía un mensaje claro (la inseguridad ha crecido por culpa de un gobierno débil) y otro más débil (existe una alternativa encarnada por el PP). El mensaje débil es casi innecesario, porque se sobreentiende comprendido en el mensaje principal. Sin entrar en un análisis detallado, se puede describir el vídeo del PP como un vídeo de propaganda típico. El texto visual es interpretado por una voz en off y por unos textos escritos visualizados en pantalla. El ritmo del montaje es muy vivo y la música acompaña aportando dramatismo. Es una obra audiovisual dirigida principalmente a producir emociones, no a razonar sobre unos hechos. Por eso, era indiferente para los realizadores que las imágenes procedieran o no de España y de la época del gobierno actual: en este tipo de vídeos las imágenes son sólo el soporte, porque adquieren sentido gracias al texto leído o escuchado. Se puede decir que el vídeo consigue su objetivo, principalmente entre personas que intelectualmente están predispuestas a aceptar el mensaje. Su misión principal es reforzar las convicciones de los convencidos y difundir una sensación emocional.
Por su parte, el vídeo del Partido Socialista también tiene un mensaje claro: el rechazo del Partido Popular al proceso de paz es hipócrita porque ellos concedieron más a ETA duranta la anterior tregua. Aquí, la narrativa escogida es múltiple. Empieza con un clip de imágenes de archivo de declaraciones de miembros del gobierno popular; después pasa a una narrativa propia del reportaje televisivo para narrar la historia de la anterior tregua: emplea fotografías, portadas de periódicos y secuencias de planos breves, además el montaje es más pausado y racional, y los textos intercalados son informativos, no lanzan mensajes. Sin embargo, la instrumentalización propagandística se hace también evidente por el empleo de la voz en off del narrador para interpretar las imágenes en un único sentido. Además, falta el recurso típico de un reportaje televisivo: las entrevistas. Hay una ausencia absoluta de contrapunto a la versión ofrecida por el narrador, apoyándose en el montaje de planos. Por último, se advierte una voluntad deliberada de recortar las declaraciones destacadas de los diarios y la grabación del anterior portavoz del gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, para descontextualizarlas y emplearlas en función del mensaje que se quiere transmitir.

2 comentarios:

Rafael Palomino dijo...

¿Debe establecerse algún código que permita distinguir en internet y en política lapropaganda de la información? Pienso que sí, aunque no se cómo. De lo contrario, la controversia entre partidos terminaría siendo cualquier cosa menos un acto de libertad de expresión (uno de cuyos fines es la formación crítica del ciudadano).

Alvaro Matud dijo...

En mi opinión, la propia fuente partidista de estos productos audiovisuales facilita su catalogación como propaganda. El problema es cuando los partidos espabilen y empiecen a surgir los MoveOn españoles... Por eso, creo que es importante reservar la denominación de "documental" a los productos auudiovisuales que permitan la reflexión y el contraste.